Plan Maestro

Pueblos slow para viajeros sin prisas

Siempre gusta avanzar cuando implica volver al origen. Porque nos gustan los contrarios: vivir rápido y salir de vacaciones despacio. ¿Puede haber un placer mejor? Ah, la rebeldía vital no tiene fin.

El progreso no es como el juego de la oca y muchas veces volver atrás, reivindicar y proteger el valor del origen es la mejor baza para seguir adelante en el progreso social. En Italia lo han tenido muy claro y con motivo del movimiento del Slow Food, que ellos mismos acuñaron, han recordado mundialmente la importancia de la identidad de los pueblos, que a los demás se nos olvida a veces. Más allá de la política, y de cualquier otra cosa, las cittá slow son ciudades en las que ese cuidado por la tradición, la gastronomía y la calidad de vida luchan frente a la vida homogeneizada, estándar y prefabricada que se impone como norma general.

La Cittaslow hoy es una acreditación, y no es fácil obtenerla. El número de acreditados crece, y conviene recordar qué nos ofrecen estos enclaves pensados para aquellos viajeros que desean disfrutar sin prisas, que saben sacar el máximo partido tanto de su destino como del camino que les lleva a él a bordo de un Kia Optima.

Lekeitio, Vizcaya

Ese pueblecito marinero donde aún se viste el traje regional en fiestas. Donde se fomenta la lengua local, se come pescado fresco según la receta de toda la vida, se recuerda con orgullo ese origen autóctono del txacolí (aún se puede ver la prensa), y se puede mirar al sol desde el puerto entre las montañas y a las orillas del río. Una forma de paraíso.

Rubielos de Mora, Teruel

La muralla, la forja y la madera presentes: pero no sólo visualmente sino también en los oficios que alberga la calle. La Unión Europea ha sabido reconocer un tesoro, y lo ha premiado con el Europa Nostra. No es para menos. Con la población disfrazada según la moda medieval, y los monumentos exultantes en este Pórtico de Aragón, que se llama. Volver muy atrás, sin duda.

Morella, Valencia

O la magia de una muralla construida como dios manda. Castillo a más de mil metros de altura y escenario perfecto a sus pies. Fue la fortaleza del Cid y de tantos otros… Y les encanta la fiesta: la gastronómica de enero dedicada al campo; la de carnaval de creatividad máxima, las romerías, el Corpus, la internacional de órgano… Y muchas, muchas fiestas para el paladar, de lo verde al animal, guisados ambos como hace siglos, y con la misma calidad de entonces.

Balmaseda, Vizcaya

Atravesando caminos cercados por bosques llegamos a este pequeño pueblo enclavado a orillas del río Cadagua. Entre saltos de agua y puentes centenarios es posible encontrar casas palacio, iglesias y conventos que antaño dieron cobijo a comerciantes y aventureros y peregrinos razón por la que su Casco Histórico ha sido declarado Bien de Interés Cultura con la categoría de Conjunto Monumental.

Pals, Gerona

Empedrado mágico en el Recinto Gótico de Pals, playa, muralla perfecta, campos de arroz y una oportunidad idónea para hallar el equilibrio entre los paseos por los campos de hace siglos, en bici, a caballo o andando; o para dedicarse al culto al paladar, del mar, del monte o de la tierra misma.

No son los únicos pueblos con denominación Cittaslow, ni mucho menos. Son una selección. Después está el resto, y más allá, los que a uno le nacen del corazón y de la historia. Realmente, la denominación es un estímulo para seguir preservando, disfrutando y conociendo lo mejor de la esencia de cada pueblo.


Ficha Técnica

  • Para saber más:
  • Visita la web de Cittaslow donde conocerás el resto de municipios españoles que forman parte de esta red que pone en relieve el gusto por el buen vivir.
  • Cómo llegar a ellos:
  • a bordo de un Kia Optima, un coche equipado con todo tipo de detalles diseñados para hacer del viaje toda una experiencia.